sábado, agosto 29, 2015

Un Shabat en Hungría

Me encuentro en Budapest, la capital de Hungría. Definiría a la ciudad como excentricidad en decadencia. La ciudad tiene poco más de mil años de historia. Los edificios enormes y cargados de adornos que sobrevivieron a la segunda guerra mundial y al comunismo, me parecen sombríos, fúnebres, sin vida pero con una carga histórica llena de pasado. La modernidad toca a la ciudad en sus puentes alumbrados, hoteles lujosos, restaurantes caros, y en la vasta iluminación que convierte el panorama en un lugar mágico, contrastando la frialdad de algunas calles. 
Me doy a la tarea de recorrer las sinagogas y las calles históricas donde vivió hace muchos años la comunidad judía. La primera sinagoga que visito es una ortodoxa, con pocos visitantes, pequeña pero agradable al interior, y llena de vida afuera pues es viernes por la mañana y en la calle se pueden ver judíos ortodoxos haciendo compras para Shabat. La segunda sinagoga que visito está inundada de turistas, es la sinagoga más grande de Europa, dice la publicidad. Tomo una visita guiada y nos explican que es una sinagoga poco común, tiene un órgano, el lugar donde se lee la Torá está al frente y no al centro, y las bancas organizadas como en una iglesia católica. ¿Por qué la sinagoga mas grande es así? Los ortodoxos no la reconocen como sinagoga. Nos explican que caben mas de mil personas, antes la comunidad era muy grande ahí. Y que tuvieron que "asimilarse" a los católicos para ser aceptados y poder sobrevivir ante el antisemitismo. 
Además, en el patio hay un cementerio, igualito a una iglesia católica. Lo que sucedió es que en ese barrio, además de las miles de personas que deportaron a Auschwitz, había un ghetto en donde vivieron hacinadas durante poco más de un mes en el invierno muchísimas familias. Entre el 44 y el 45 hubo una gran matanza en el lugar, y a falta de lugar para tanta gente, los enterraron junto a la sinagoga. Ahora hay placas con los nombres de los que se pudieron reconocer. La misma excentricidad y lujo de la sinagoga se contrasta con la triste historia del barrio. 
Un día antes, un amigo húngaro me da una visita guiada por la ciudad. Nos enteramos que los dos somos judíos, y me invita a pasar la cena de Shabat en su sinagoga, un edificio modesto que parece casa por fuera, del otro lado del río. Me sorprendo. Mi viaje por Europa ha estado en constante contacto por historias profundamente tristes alrededor de la vida judía y ahora yo puedo tranquilamente pasar Shabat en esos lugares. Baruj Hashem. 
El viernes al atardecer nos vemos cerca de la sinagoga para ir a los rezos. Me presenta a su rabino y con cara alegre me saluda con un "buenas tardes!" en español. El idioma húngaro es uno de los más complicados con los que me he encontrado, no entiendo una sola palabra fuera de hola y gracias. Es agradable escuchar español de vez en cuando. Me dirijo al lado de las mujeres y me siento al lado de varias señoras muy sonrientes, y una de ellas, amiga de mi amigo, me comienza a hablar en portugués, ¡le entiendo muy bien! Me sirvió el entrenamiento en Portugal dos semanas. Me dan un libro de rezos en hebreo, húngaro y fonética. Durante los rezos la señora me va guiando y me traduce lo que dice el rabino. Me siento muy cómoda, las chicas me sonríen y se siente que les da gusto ver caras nuevas. 
Al terminar los rezos, bajamos a un sótano para la cena. Es muy acogedora la comida, todo kosher, y es el mismo sabor que en México, o en Israel. Es bueno tener algo familiar cerca. La gente me habla en inglés, y todos son muy amables. Es curioso como incluso en un país con un idioma y costumbres tan diferentes, me pude sentir aceptada e integrada.
Cantan canciones y puedo tararear en silencio la tonada, es tan familiar ahora, me recuerda tantas veces que escuché a mi hermana en casa cantarlas. Me emociono como la primera vez que escuché canciones de Shabat en un concierto en Jerusalem con mi madre y mi hermana. 
Sigo dando gracias a Di.s por poder vivir estas experiencias tranquilamente, por poder viajar y conocer la historia de cerca. Y aún falta mas...

miércoles, agosto 05, 2015

Granada mágica

En Granada mi pasado me persigue también. Lo que sobresale en la ciudad es la Alhambra, con reminiscencias árabes, y la catedral católica, pero en el centro me encontré con un pequeño museo sobre la historia judía de la ciudad. El guía me explicó que además de los árabes y los católicos, en esa ciudad hace mucho tiempo vivió una comunidad judía ahí, y que fueron expulsados en tiempos de la inquisición, o convertidos al cristianismo, y que es por eso que hicieron el museo, pues en la ciudad no quedan rastros de ese judaísmo. Lo que exponen pertenece a la colección de una familia cristiana que se interesó por el tema. Lo más sobresaliente, una Torá con más de 500 años de antigüedad, una de las más antiguas de Europa me explican. Tiene un color de libro antiguo, y parece como si al tocarla se pudiese desvanecer y convertirse en polvo.

En una pared colocan los apellidos sefaradies, una investigación sobre los posibles nombres de aquellos tiempos, y de pronto aparece mi apellido paterno. ¿Paterno? Mi lado judío viene por parte de mi madre. Se que la familia de mi padre viene de España. Raras conexiones.

Por otro lado, la Alhambra es hermosa. Es un conjunto de varios edificios, todos diferentes entre sí, con jardines árabes y fuentes. Voy a la visita de la tarde, pues los boletos están agotados, es temporada alta. Me toca el calor más intenso, pero no importa, es hermoso. Hay una gran casa donde vivió Carlos V, una torre donde los reyes de España Fernando e Isabel hicieron honores, y se me enchina la piel de nuevo. ¿En verdad los reyes católicos que estudiamos tanto en la escuela estuvieron parados justo donde estuve? Ese imponente sentimiento ha estado constantemente conmigo durante el viaje. Lo más impresionante de todo son los palacios nazaríes. Enormes paredes y techos decoradas con finos adornos árabes, fuentes hermosas con flores y baños árabes muy antiguos. Se siente historia también ahí. 

En la calle, bailaores flamencos adornando el atardecer con sus cantos y palmas. Es hermoso, tanto Granada como Sevilla tienen flamenco por doquier, vestidos, sombreros, castañuelas, guitarras. Sin embargo, por las vacaciones mucha gente se va a la playa y cierran los comercios, por tanto abundan turistas pero la gente local no está. Todo agosto es así, me explican. Mala fecha para venir a estas ciudades, demasiado calor y pocas cosas que hacer. Aunque el destino lo quizo así, por algo será. Y mi próxima parada es las playas de Portugal, con mucho calor también, pero hay aire pues está ya cerca del océano. A seguir disfrutando la vida.

domingo, julio 26, 2015

Monumental Barcelona

Barcelona es una ciudad llena de vida. Gaudi marcó su tendencia y se puede sentir su excentricidad por todos lados. Por supuesto, mi punto principal a visitar es el templo de La Sagrada Familia, pues es muy representativo de la ciudad. Sin embargo, no puedo entrar. Hay tantos turistas que hay que comprar los boletos por internet. Mi primera impresión es que es una mezcla de tonos y diseños, mezcla de antiguo con moderno. Hay muchas grúas de construcción enormes alrededor, arreglando y construyendo. No entiendo bien a bien por qué hay partes que parecen inconclusas, pero solo estoy un rato mirándola por fuera, y regreso al siguiente día con mi boleto ya comprado.

La entrada, 20 euros, como 360 pesos. Incluye una visita guiada en español de una hora. La tomo y nos explican la historia. Impactante. En 1882 los pobladores de esa área, rural en ese entonces y fuera de Barcelona, deciden que quieren construir una iglesia para su pueblo. Con poco presupuesto, deciden buscar ayuda de donaciones. Contratan a un arquitecto y al poco tiempo tienen diferencias con él y tienen que encontrar un reemplazo. Les sugieren un joven arquitecto no conocido, apellidado Gaudi. Por la premura del tiempo, lo contratan. Sin embargo, Gaudi los convence de ampliar el proyecto y hacer una obra monumental. ¿Con qué presupuesto? Las obras avanzan según las donaciones que se consiguen. Gaudi les dice que hagan el proyecto, y que poco a poco lo construyan, que no pongan una fecha de término, que ya se verá con el tiempo. Comienzan las obras y Gaudi formula los planos y trazos y maquetas a escala de su obra. Es una iglesia monumental de 18 torres. En la entrada hay una maqueta del proyecto final. Nos explica la guía la parte que podemos ver ahora. ¡Me dan escalofríos de nuevo! Pues la obra está aún en construcción. Como se basa en donaciones, ha sido muy poco a poco. En la guerra civil española se pararon las obras 20 años, por falta de presupuesto. Hace poco comenzó a avanzar mucho más rápido por las nuevas tecnologías. Además, todas las entradas a la iglesia de los turistas están fondeando la construcción. Gaudi era visionario.

La fachada por donde está la entrada es súper garigoleada, con muchísimas esculturas e historia. De pronto, el escenario cambia dentro. Los mosaicos están hechos de colores del arcoiris. Por tanto, entra luz de todos los colores al interior. Es precioso, imponente. La arquitectura de Gaudi es algo que nunca había visto, modernista, súper detallado e impactante. Las columnas que sostienen la iglesia están inclinadas, como muchas de sus creaciones. Hace pocos años inauguraron el interior. Hay gente construyendo cosas por todos lados. Es increíble. Todos los monumentos y lugares históricos que he visitado llevan ahí muchos años ya terminados. Este no. Fue comenzado hace cien años, y aún no se termina. Lo que yo veo ahora no será lo mismo que en cinco años, o al final, que se proyecta terminar en el 2026. 

Lo que comenzó Gaudi puede visualizarse fácil. Tiene un color desgastado por el tiempo. Lo nuevo, brilla con un blanco intenso. Cuando se termine la obra, será la iglesia más grande del mundo. Trato de imaginarme la altura que tendrá, y si de por sí ahora ya es impresionante, en unos años será espectacular. Sin embargo, el chico que me hospeda en Barcelona es arquitecto, y me explica que a su parecer la estructura que está ahora no podrá soportar todas las torres que faltan por construir, pues la torre central es inmensa y justo al centro. Ya se verá.

Así que sin querer, 100 años después ayudé a esos pobladores a construir su iglesia. Qué raro destino. Me da en qué pensar. Es decir, que si se pone suficiente empeño en crear algo, y se tiene la visión necesaria, es posible que nuestras obras trasciendan en el tiempo y las siguientes generaciones las protejan y continúen. 

Dulce París

¿Se puede escribir algo más de Paris? Ciudad de luces y romanticismo. Llego más por la reunión de cuatro días de Couchsurfing que por conocer la ciudad. No tengo expectativas, pienso que ya he visto tantas imágenes que todo será familiar. No fue así. Paris me sorprende y asombra. Monumentos y edificios enormes, grandes calles llenas de vida y lujo. Todos las casas adornadas en su arquitectura. Es hermoso. Me recibe el Arco del Triunfo, en un día soleado y caluroso. Camino al lado del río Sena y se vuelve a sentir un lugar lleno de historia. A lo lejos, la Torre Eiffel. Me acerco, y al estar justo debajo de ella me doy cuenta que es hermosa, que tiene muchos adornos e inscripciones. En verdad me impacta. Los turistas alrededor hacen caras y saltan y hacen poses raras para las fotos. Me siento en el pasto para observarlos. ¿Vieron siquiera los detalles de la Torre, o se dedicaron a posar para su recuerdo? No lo se, cada quien va por sus propios motivos. 

En el picnic de bienvenida somos más de 100 personas, al lado del Sena y de Notre Dame. Es el mismo ambiente internacional de siempre, gente alegre, dispuesta a platicar y ahondar en nuestras diferencias y similitudes. Encuentro muchos latinos viviendo en Paris y hablándome en español. Por ese día, suficiente.

Uno de los mayores placeres de mi viaje ha sido probar la comida local. En Paris fue extraordinario. Los chicos organizaron una visita guiada por las mejores pastelerías de la ciudad. Ha sido hasta el momento el día más caro de mi viaje, pero también uno de los más intensos. Desde la entrada, la organización de los postres, los colores y aromas, se podía percibir fineza y delicadeza. Nos vamos con cuidado, cada postrecito cuesta entre 5 y 8 euros (desde 80 a 150 pesos aprox). La vista se nos llena con chocolate, frutas, vainilla, helados, azúcar. Cada quien compra un pastelito y nos damos a probar entre todos. Es magnífico, es la esencia pura de Couchsurfing, compartir. Así, nuestra inversión se convierte en una cata de mil sabores, cosa que no podría haber hecho sola. Caminamos exhaustivamente por la ciudad buscando los rincones culinarios bajo el sol. Cansados y llenos de azúcar, nos dicen que el desrino final es una de las mejores pastelerías, ubicada en el restaurante de un lujoso hotel. Quedamos 12 personas. Todos con pinta de viajeros, fachosos, sudados por tanto caminar, despeinados. Desde la entrada, sentimos las miradas de la gente hospedada ahí y de la seguridad del hotel. Los chicos explican que queremos una mesa, y tardan muchísimo en pasarnos. No éramos precisamente lo que combinaba con sus delicadas servilletas. Sin embargo, nos dan una mesa, en el rincón claro. Felices y asombrados, abrimos la carta. ¡18 euros cada postre! No quiero ni convertirlo a pesos. Pedimos varios y los ponen sobre la mesa para que los compartamos. Son extraordinarios. Uno en especial, tiene una cubierta de chocolate duro, le echan chocolate caliente encima y se derrite enfrente de nosotros. Nos damos cuenta que no teníamos suficiente azúcar en la sangre aún. Comemos y se nos cierran los ojos de placer, vale cada euro que pagamos. Sabores intensos, rodeados de excentricidad. En las paredes del hotel hay fotos de famosos que lo han visitado. Marilyn Monroe entre ellas. Historia por todos lados. Al final, pagamos 15 euros cada uno, realmente un precio adecuado pues probamos mil cosas y nuestros sentido se expandieron. Fue un momento especial pues compartí una de las delicias de la vida con chicos que también aprecian esos momentos. Los meseros, felices de ver nuestras caras, nos despiden amablemente. 

Al salir, nos damos cuenta que estamos en una de las calles mas caras para ir de compras. Marcas de ropa que yo ni siquiera había visto en tiendas, solo en pasarelas de moda. Las mujeres que salen de las tiendas, vestidas y maquilladas impecablemente, guapísimas. Jeques árabes pasean a sus mujeres en carros carísimos, con muchísima seguridad alrededor, de esos carros que abren sus puertas hacia arriba, como de película de ficción. En contraste, en algunas esquinas, chicas musulmanas, cubiertas de pies a cabeza, sentadas en la calle pidiendo limosna. Sentadas súper derechitas y sin moverse. Si les das una moneda, hacen una reverencia hasta el suelo y regresan a su posición sin inmutarse. Me dan escalofríos. Es muy probable que alrededor estén hombres vigilándolas, explotándolas, usándolas como objetos. Vaya contraste. Riqueza y pobreza juntas conviviendo al extremo. ¿Se puede hacer algo? ¿Se puede contra el sistema? Doy gracias a Di.s de que puedo estar del otro lado, del lado donde no me falta nada y puedo disfrutar de mi alrededor. Él siempre está conmigo, puedo sentirlo, siempre me cuida y me pone en la situación adecuada. Y pido mucho que me de fuerzas y salud para seguir en esta aventura. Mañana cumplo cuatro semanas. Y contando.

viernes, julio 17, 2015

Alemania: historia y música

Alemania. Paso cinco días y las sensaciones son variadas. Solo conocí una pequeña parte del país, pues visité dos ciudades: Colonia y Bonn. La primera tiene una historia triste. Fue en su mayor parte destruida por la segunda guerra mundial, y por lo que me cuentan, al reconstruirla no había mucho presupuesto e hicieron casas cuadradas y austeras. Las calles en el piso tienen pequeños letreros con los nombres de las personas que vivían en esas casas y fueron asesinados o deportados a campos de concentración. Historia viva. Mucha gente camina sobre de ellas, supongo yo que muchos de ellos sin saber bien a bien que siquiera existen. Hay cosas que resaltar: hay  un domo (que me dijeron no es catedral, pero parece), enorme, gótico, muy impactante, mas de 500 escalones para subir hasta arriba. La vista desde lo mas alto es impresionante, el río Rhein, la ciudad y el horizonte. Presencia fuerte del catolicismo.

Por otro lado, visito una sinagoga, la historia cuenta que en Colonia habían 6 sinagogas, y todas fueron destruidas por los nazis en la guerra. Esta fue reconstruida años después. Es enorme. No hay gente alrededor pues no es una atracción turística, sigue en uso. Hay muchas cámaras y seguridad. Entro, digo que soy judía mexicana y que quiero visitarla. Revisan mis apellidos, mi mochila, les dejo una pequeña navaja que traigo conmigo todo el tiempo, les enseño mi libro de rezos (de nuevo Hashem cuidándome) y me dejan pasar. Hay un pequeño museo en donde exhiben objetos muy antiguos que se usaban ahí. Incluso hay fotos de cuando el Papa visitó la sinagoga hace pocos años. Entro primero a la parte de mujeres, en el segundo piso. No hay nadie, esta vacío, toda la sinagoga para mi. Es muy austera. Grandes paredes de cemento, vitrales bonitos, bancas simples, y la Torá al fondo con pocos adornos. Estilo alemán que tiene la ciudad también. Me siento, rezo un poco, y me causa una profunda tristeza estar ahí. Ahora me siento segura, y libre de poder ir a rezar y visitarla, pero hace años era peligrosísimo. No me quedo mucho tiempo, bajo al primer piso para verla mas de cerca, pero me alejo. Me causa dolor. Por fuera es muy imponente, bonita y muy arreglada, eso aliviana un poco la tensión. Casi todas las casas de alrededor tienen sus respectivas placas afuera. Se me viene a la mente un pensamiento aterrador: mucha de esta gente fue llevada a campos de concentración. Hay muchas fotos de estos campos. ¿Habré visto a alguno de estos vecinos en estas fotos? La historia cobra vida acá, son sentimientos muy profundos, reales. Y se que es solo el principio de mi viaje.

Sigo mas adelante, solo unas cuadras, y hay una enorme mezquita. Su estructura es muy moderna. Sin embargo, hay muchas mujeres alrededor con burcas y todas cubiertas. Solo tomo una foto de lejos y me alejo. Si, en general puedo ser una viajera que acepta y se interesa por lo diferente, pero no en esa ocasión, no pude acercarme.

Al día siguiente voy a Bonn. Me acompaña un chico que conocí mediante la aplicación de Blablacar, que se utiliza para compartir los gastos de viaje en carro, con el que viajé de Utrecht a Koln. Se basa en la confianza y las redes sociales, igual que Couchsurfing. Un tipo simpático, muy conversador y culto, y buen conductor. Los pasajeros: yo, un chico y una chica turca, y una alemana. 

En Bonn lo primero que visitamos, y la razón por la que fui, fue la casa donde nació Beethoven. Me encanta este viaje. Realmente no estoy planeando casi nada, voy donde encuentro host sin importar mucho qué ciudad es. Ha sido mágico. Todo me toma por sorpresa y no lo espero, así que no hay manera de decepcionarse o arrepentirse de algo. Llegamos pues a la casa, se ve chica y sin mucho chiste desde afuera, para mi hubiera pasado desapercibida. Entramos y el ambiente se llena de música. En la planta baja, a lo lejos, un chico toca composiciones de Beethoven para amenizar el ambiente. Hay un pequeño jardín con un busto de Beethoven, y la casa está dividida en dos: un cuarto interactivo aparte en donde se puede escuchar música y leer información, y la casa, la cual tiene 12 cuartos para visitar, pues es de tres pisos. Dentro se muestran cuadros de la zona, de donde nació y de Viena, en donde vivió. Hay manuscritos con su puño y letra, cartas que escribió y que recibió de sus contemporáneos. La emoción crece, pues de nuevo se me materializa la historia. El segundo piso tiene varios instrumentos. Uno de ellos es la viola que utilizaba para sus composiciones. Se me salen lágrimas de emoción, ¡sus manos tocaron ese instrumento! ¡Estoy cerquitita de algo que tocó un genio hace años! Avanzamos y de pronto, pedacitos de un órgano, hecho de madera, solo las teclas y los pedales. Lo demás fue destruido en la guerra. Esto fue lo que recuperaron y reconstruyeron. De nuevo, lágrimas de emoción. ¡Sus manos de nuevo ahí! Tomé una foto rapidísimo, pues no se podían sacar fotos. Por supuesto que no se podía tocar, pero puse levemente mis manos sobre las teclas, solo encima, sin tocarlas, y la energía y musicalidad siguen ahí. La novena, la quinta, la séptima...  Música que escucho en mi cabeza y los ojos rojos de tantas lágrimas. Mi acompañante traduce para mi todos los letreros, pues todos están en alemán. Se conmueve al ver mi reacción. Me dice que nunca había entrado, que es muy bueno que este ahí conmigo. Me pasa lo mismo en mi ciudad, he conocido muchos lugares a través de mis amigos extranjeros...

Me dice además que le impresiona como los europeos conservan su cultura e historia. El es de Siria. Me cuenta que por ahora no puede volver, tiene miedo de la guerra civil. Sus hermanos viven allá. Y me cuenta también que en su país los gobernantes tienen la idea de que todo está mejor con ellos, y que antes, en el pasado, no se hacían bien las cosas y que no hay que recordarlo. Por tanto, destruyen lo que no quieren tener cerca.

En el museo también hay muchos objetos que fueron de Beethoven. Sus lentes, su corta uñas, plumas, vasijas, y todos sus aparatos para la sordera. Estremecedor. Di.s lo hace genio y lo deja sordo al final de sus días. Sólo Él sabe por qué hace las cosas de ese modo. 

Salimos del museo, ya mi acompañante me pregunta si quiero ir a una fábrica de pianos, que su tío es pianista y hace tiempo dio un concierto ahí, pues tienen una pequeña sala. ¡Claro que quiero! Es un lugar escondido, jamás lo hubiera visto yo sola caminando. Al entrar una alegría inmensa me llena, ¡nunca había visto tantos pianos juntos! (Pequeña nota cultural: mi abuela era pianista, y me dio clases cuando era niña y yo alguna vez soñé con ser pianista también. Esta es la razón de mi asombro y emoción). Un señor afina un piano, por lo que tenemos que estar en silencio. Para brevemente para que pueda yo tocar un poco un piano blanco hermoso que encontré. Toco unas cuantas notas de Para Elisa, y del Claro de Luna, ambos de Beethoven por supuesto. Mi acompañante se asombra de nuevo, no pensó que supiera yo tocar. Entramos al taller y puedo ver cuerdas, teclas y madera por todos lados, un olor intenso a aserrín y genialidad, pues de tan solo unos materiales, hacen instrumentos maravillosos y complejos.

Suficiente intensidad para ese día. Para cerrarlo, regreso a Colonia, el lugar donde me estoy quedando, y junto al domo principal, afuera, hay cinco músicos con tres acordeones, un violín y algo parecido a un trombón, tocando música de catedral. Buena ambientación.

Esta fue mi pequeña probada de Alemania, solo un atisbo. Me esperan otros países y otros sentimientos intensos por sentir. ¡A vivir!

lunes, julio 13, 2015

Paseo por el bosque junto a la incertidumbre

Zeist, en Holanda, es un pequeño pueblo cerca de Utrecht (a la que suelen llamar la hermana menor de Amsterdam, pero a mi me pareció más bonita). Es un pueblo tranquilo, muy ordenado, con poca gente en las calles y un gran bosque alrededor. Este bosque, en el que de vez en cuando se pueden ver ardillas, y tal vez uno que otro zorro, es muy seguro y muy visitado por la gente de los alrededores. 

En este bosque, mi host holandés me llevó a un picnic al atardecer. Comimos ensalada y pescado. Bebimos un vino suave orgánico. El lugar del picnic era una mesa solitaria en la cima de un montículo, rodeado de escaleras de madera. Todo lo demás eran árboles, de un color verde intenso. Uno que otro perro se nos acercaba para olfatear nuestra comida y se alejaba para buscar a su dueño. Conforme avanzaba la tarde, la quietud del bosque nos llenaba. Tanta tranquilidad era abrumadora, nada que ver con las ciudades anteriores holandesas que visité, llenas de turistas. Terminamos de comer y nos encaminamos hacia un lugar más profundo, hasta llegar a un lago, rodeado de tierra tan fina que parecía arena, junto con borregos que comían alrededor. En el reflejo del lago, un árbol en medio, con el atardecer justo detrás. Hermoso. Mientras avanzaba la puesta de sol, hice una reseña del lugar físico de la ciudad de México, el gran lago donde estaba Tenochtitlán, los volcanes, y la numerosa población que nos rodea. De pronto, la noche comenzó a aparecer, junto con un sentimiento de ansiedad. Mi host sabía perfectamente el camino de regreso, pero a mi la oscuridad siempre me ha causado una sensación de incertidumbre, la cual no me gusta. Curioso, pues en este viaje la incertidumbre me acompaña en cada paso que doy. Nos adentramos en la oscuridad de la noche en el bosque en el camino de regreso a casa. Solo podía percibir una leve sombra en el camino, y mi guía por delante. Mis temores comenzaron a surgir. Sabía que estaba en un lugar seguro, con alguien que sabía el camino de regreso, pero el no tener la sensación de tener el control de la situación es imponente. Me ha pasado varias veces en el viaje. Si mis host me hubieran dicho lo que íbamos a hacer, probablemente la idea no la hubiera aceptado. Con un host fuimos a ver molinos de viento en bicicleta, en un largo largo camino bajo el sol y la pradera. Terminé exhausta, pero con la sensación de felicidad de haberlo logrado. Fue igual en esta ocasión. Si hubiera dejado que mis temores me consumieran, me hubiera quedado en casa de mi host sin salir a ese maravilloso atardecer en el lago. Pero no fue así. Caminé a media noche por un bosque oscuro (pues ahí el sol se ocultaba como alrededor de las 11 de la noche por ser verano), y fue increíble como mi vista se acostumbraba a solo un poco de luz restante, a confiar en mis instintos y a percibir a mi alrededor como algo que podía sobrepasar. 

Así es este viaje, si lo pienso demasiado, no conocería gente maravillosa, no visitaría lugares que ni siquiera imagino que existen, y me quedaría sentada viendo la vida pasar. La confianza en la gente es vital. Por supuesto que hay gente de la que uno se tiene que cuidar, pero en la mayor parte de los casos la gente está dispuesta a ayudar, y es posible sacar lo mejor de cada uno cuando se comparte optimismo y sentimiento de felicidad con ellos.

Al menos para mi, descubrir que puedo hacer cosas que pensé que nunca haría, se llama libertad.

viernes, julio 10, 2015

Diversidad en Amsterdam

Camino por las calles de Amsterdam, y mi primera impresión es libertinaje, drogas, sexo, materialismo... Solo son las calles cercanas a la central de autobuses, pues al adentrarse más profundo, se pueden encontrar edificios construidos hace siglos, esculturas impresionantes, y cultura e historia, antigüedad y modernidad mezcladas. 

Llego a una calle, y hay una placa que dice que en la segunda guerra mundial, justo en ese puente, fueron asesinadas 200 personas, solo por ser judíos. La calle tiene placas a lo largo de un río con los nombres de todas esas personas, justo enfrente de sus casas, para recordarlas. Se me eriza todo el cuerpo. Es real, ahí pasó la historia. En esas casas vivieron judíos perseguidos. Me imagino a esta gente hace medio siglo, caminando por estas mismas calles, celebrando Shabat, yendo a una de las sinagogas mas antiguas que aun está por acá cerca. Cuando podían ser libres como nosotros ahora. Llego por fin a la casa de Ana Frank. Hay una fila de tres horas de espera. Se me eriza el cuerpo de nuevo. El diario que ella escribió es uno de los libros mas leídos, dice el folleto. Tan solo de imaginar todo lo que pasó en estas calles, los nazis, el miedo, la guerra, me hace llorar. Todos los visitantes leemos el mismo folleto, cada uno en su idioma, y soy la única que llora. Siento profundamente el dolor de hace 60 años. No se qué signifique para los demás, un museo mas, quizá. Sin embargo, todos hacemos la fila de tres horas para entrar. Algo mueve, sin duda. La casa por fuera luce siniestra, simple, de varios pisos. Me dan escalofríos de nuevo al estar en la entrada. Las fotos y los documentos oficiales muestran años y años, la casa de principio se ve muy restaurada, sin embargo, al llegar al piso donde hay un librero, y detrás del librero está la entrada secreta a los pisos de arriba, todo cambia: el aire, las paredes, se siente el miedo que quedó impreso en los cuartos. Todos están vacíos, dicen que los nazis vaciaron todo cuando los encontraron ahí. Decidieron dejarlos vacíos para el museo en memoria del vacío que dejaron las víctimas. Sin duda, el cuarto de Ana es el más... espeluznante diría yo. Las ventanas están cubiertas con cortinas negras, para recrear cómo fueron esos dos años que no podían correrlas para evitar miradas indiscretas. Su cuarto tiene pegado en las paredes fotos de artistas de aquellos años, y de recortes de revistas y dibujos. Ilustraciones que ella pegó para que su cuarto luciera un poco más acogedor, si es que se puede llamar así. Está de más decir que todo el trayecto durante el museo mis ojos estuvieron llenos de lágrimas. Al llegar a ese cuarto, sentí una necesidad imperiosa de rezar por todos aquellos que vivieron dos años ahí y perdieron sus vidas en los campos de concentración. Mi pequeño libro de rezos me ayudó, fueron solo unos minutos, pero muy intensos. También fue intenso ver su diario, a todo color, con su puño y letra, junto con sus otros cuadernos de donde se recopiló la historia del libro. Ella quería ser escritora y ser recordada después de muchos años. Lo logró, de extrañas maneras, pero cada quien tiene su mazal, su camino trazado.

Después fui a una visita rápida a una sinagoga portuguesa. Es de 1675, y su interior está intacto. Es enorme. El techo y las bancas de madera, así como donde se guarda la Torá. Hay muchos objetos muy antiguos, libros viejísimos, y candelabros muy relucientes. Están el el "cuadro judío", que es una parte de la ciudad con museos sobre judaísmo y el holocausto. No fui allá, demasiada intensidad para un día...

En comparación con esta historia, la ciudad tiene un olor a marihuana y a libertinaje poco común. Veo tiendas con gente fumando drogas que en mi país son ilegales. Al lado, sex shops vendiendo todo tipo de accesorios, ropa diminuta, junto a iglesias y guarderías, y, los más impresionante, las chicas que venden sus cuerpos en cuartos diminutos, con ventanas hacia la calle, como muñecas de aparador, accesorios desechables, a la vista de turistas, niños, y señoras que salen de misa. ¿Este es el costo de la libertad? Cuando la línea de la permisividad se divisa borrosa, los extremos pueden ser inimaginables. 

Y la gente, por lo que me platican, se siente a gusto con un rey, como símbolo nacional, símbolo también de las buenas costumbres y la honorabilidad, pero tampoco cuestiona o impide el daño al cuerpo, con drogas y materialismo. ¿Necesitamos tanta libertad?

lunes, julio 06, 2015

Bélgica de colores

Bélgica, lugar de chocolate, cerveza y waffles. Pero también de diversidad étnica. Veo en las calles tres tipos principales: los belgas, todos güeros, delgados y muy blancos; los negros, con piel súper obscura, provenientes de África; y los musulmanes, hombres árabes y mujeres cubiertas de pies a cabeza. 
Los primeros, viven en una cultura igualitaria, donde las mujeres desde hace tiempo hacen valer sus derechos y tienen las mismas oportunidades que los hombres; sin embargo, por lo que me cuentan, aún es difícil para las nuevas generaciones adaptarse a una búsqueda de pareja sin los estereotipos "de antes". Las chicas quieren tomar decisiones y vivir su vida sin tener que depender de un hombre. Los chicos, temen mostrarse caballerosos o atentos pues puede ser tomado de una mala manera, como "machistas" o dominantes. Los chicos salen de sus casas jóvenes, sus padres quieren independencia y vivir su vida sin tener que mantener a sus hijos ya adultos. Pero esta forma de ver la vida, repercute en que los adultos mayores están olvidados, muchas veces en asilos o solos en sus casas, pues las familias no las veo tan unidas, al menos como las mexicanas.
Los segundos, se mezclan con la sociedad y son parte de ella, pero en su forma de vestir expresan una libertad, desinhibición y misticismo especiales.
El tercer grupo es el que me llama mas la atención. Los hombres sobresalen pues hablan más fuerte, son mas rudos, y tienen una mirada de desconfianza. Las mujeres, todas cubiertas con vestidos muy amplios de solo una pieza, y cubiertas de la cabeza sin que un solo cabello se asome, me parecen bastante mas libres que las mujeres musulmanas que vi en medio oriente. Manejan carros, van a Zara a comprar ropa, y pasean con sus amigas no tan religiosas en mini falda. Claro que tan solo es una apreciación, no platiqué con ninguna de ellas. 
Y hay un cuarto grupo anexo: los turistas, que van y vienen con sus enormes mochilas de un lado a otro, con mapas y caras de confusión, buscando un cambio en sus vidas rutinarias, por aunque sea algunos días.
Ñ

Vuelo con Jetairfly

Para los que me preguntaban de mi vuelo, he aquí una reseña muy personal:
Hace unos días volé de Miami a Bruselas con Jetairfly. Compré mi boleto hace meses, solo de ida, y tenía miedo de que fuera una empresa "fantasma" o muy chafa, pues me costó solo 199 euros, o sea, como 3 mil pesos mexicanos. Estaba en shock, fue lo más barato que encontré (volar a Miami me costó lo mismo, me salía más caro volar a Cancún por las vacaciones, aunque siempre se puede uno ir en camioncito). Es una aerolínea belga de bajo costo.
Pues me arriesgué, y lo compré. De Miami, sale del aeropuerto internacional, lo cual fue buena señal. El check-in sin problemas en mostradores, solo me preguntaron mi fecha de regreso, pues como no tenía boleto de regreso, dije que solo podía estar 3 meses en Schengen y que luego me regresaría. Nada más. No pidieron mi seguro, ni la carta de invitación, ni cuentas bancarias. Nada. Fue suerte, me dicen algunos, otros me dicen que siempre es así...
El vuelo se retrasó como media hora, pero nada fuera de lo común. Súper atentos con la gente en silla de ruedas y con niños. No son aviones muy grandes, pero lo suficiente como para un vuelo largo. Dentro, me asignaron la fila 40... Ohhh sorpresa, llegaba hasta la 39... Pero había varios asientos que no se ocuparon, y ya, problema resuelto. Las aeromozas siempre estuvieron al pendiente de que no me quedara sin lugar. O sea, un tip si viajan por esta aerolínea, pidan que les asignen desde el mostrador un asiento mas adelante, si es que se puede (no se puede hacer check-in desde la página web si viaja uno desde América).
Las aeromozas, todas muy guapas y atentas. Todo lo decían en holandés. Súper raro el acento. Después lo traducían a francés, y luego a inglés. Los asientos, cómodos, y cada uno tiene su pantalla individual, con películas, juegos, música y conexión usb. La comida, muy rica, una de las mejores que he probado en vuelos largos. Sólo hay problema si son judíos ortodoxos y piden comida kosher, pues no hay. Mis vecinos de asiento se fueron sin comer todo el vuelo, solo tomaron jugo y agua (aunque me sentí súper cuidada pues rezaron todo el camino y se portaron muy lindos conmigo pues les dije unas cuantas palabras en hebreo... Esa es otra historia...).
El despegue y el aterrizaje sin problemas, e igual al bajar del avión. Los agentes de la aduana casi no me hicieron preguntas, y pasé sin problemas, el equipaje bien, llegó conmigo.
Resumen: viajo de nuevo con ellos? Claro que si! Dentro de Europa tiene vuelos súper baratos. Y lo mejor de todo, es que tienen ofertas de último minuto para viajar dentro de una semana o menos, y salen buenísimas.
Así que, quien me alcanza por acá?