Monumental Barcelona
Barcelona es una ciudad llena de vida. Gaudi marcó su tendencia y se puede sentir su excentricidad por todos lados. Por supuesto, mi punto principal a visitar es el templo de La Sagrada Familia, pues es muy representativo de la ciudad. Sin embargo, no puedo entrar. Hay tantos turistas que hay que comprar los boletos por internet. Mi primera impresión es que es una mezcla de tonos y diseños, mezcla de antiguo con moderno. Hay muchas grúas de construcción enormes alrededor, arreglando y construyendo. No entiendo bien a bien por qué hay partes que parecen inconclusas, pero solo estoy un rato mirándola por fuera, y regreso al siguiente día con mi boleto ya comprado.
La entrada, 20 euros, como 360 pesos. Incluye una visita guiada en español de una hora. La tomo y nos explican la historia. Impactante. En 1882 los pobladores de esa área, rural en ese entonces y fuera de Barcelona, deciden que quieren construir una iglesia para su pueblo. Con poco presupuesto, deciden buscar ayuda de donaciones. Contratan a un arquitecto y al poco tiempo tienen diferencias con él y tienen que encontrar un reemplazo. Les sugieren un joven arquitecto no conocido, apellidado Gaudi. Por la premura del tiempo, lo contratan. Sin embargo, Gaudi los convence de ampliar el proyecto y hacer una obra monumental. ¿Con qué presupuesto? Las obras avanzan según las donaciones que se consiguen. Gaudi les dice que hagan el proyecto, y que poco a poco lo construyan, que no pongan una fecha de término, que ya se verá con el tiempo. Comienzan las obras y Gaudi formula los planos y trazos y maquetas a escala de su obra. Es una iglesia monumental de 18 torres. En la entrada hay una maqueta del proyecto final. Nos explica la guía la parte que podemos ver ahora. ¡Me dan escalofríos de nuevo! Pues la obra está aún en construcción. Como se basa en donaciones, ha sido muy poco a poco. En la guerra civil española se pararon las obras 20 años, por falta de presupuesto. Hace poco comenzó a avanzar mucho más rápido por las nuevas tecnologías. Además, todas las entradas a la iglesia de los turistas están fondeando la construcción. Gaudi era visionario.
La fachada por donde está la entrada es súper garigoleada, con muchísimas esculturas e historia. De pronto, el escenario cambia dentro. Los mosaicos están hechos de colores del arcoiris. Por tanto, entra luz de todos los colores al interior. Es precioso, imponente. La arquitectura de Gaudi es algo que nunca había visto, modernista, súper detallado e impactante. Las columnas que sostienen la iglesia están inclinadas, como muchas de sus creaciones. Hace pocos años inauguraron el interior. Hay gente construyendo cosas por todos lados. Es increíble. Todos los monumentos y lugares históricos que he visitado llevan ahí muchos años ya terminados. Este no. Fue comenzado hace cien años, y aún no se termina. Lo que yo veo ahora no será lo mismo que en cinco años, o al final, que se proyecta terminar en el 2026.
Lo que comenzó Gaudi puede visualizarse fácil. Tiene un color desgastado por el tiempo. Lo nuevo, brilla con un blanco intenso. Cuando se termine la obra, será la iglesia más grande del mundo. Trato de imaginarme la altura que tendrá, y si de por sí ahora ya es impresionante, en unos años será espectacular. Sin embargo, el chico que me hospeda en Barcelona es arquitecto, y me explica que a su parecer la estructura que está ahora no podrá soportar todas las torres que faltan por construir, pues la torre central es inmensa y justo al centro. Ya se verá.
Así que sin querer, 100 años después ayudé a esos pobladores a construir su iglesia. Qué raro destino. Me da en qué pensar. Es decir, que si se pone suficiente empeño en crear algo, y se tiene la visión necesaria, es posible que nuestras obras trasciendan en el tiempo y las siguientes generaciones las protejan y continúen.


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