Alemania: historia y música
Alemania. Paso cinco días y las sensaciones son variadas. Solo conocí una pequeña parte del país, pues visité dos ciudades: Colonia y Bonn. La primera tiene una historia triste. Fue en su mayor parte destruida por la segunda guerra mundial, y por lo que me cuentan, al reconstruirla no había mucho presupuesto e hicieron casas cuadradas y austeras. Las calles en el piso tienen pequeños letreros con los nombres de las personas que vivían en esas casas y fueron asesinados o deportados a campos de concentración. Historia viva. Mucha gente camina sobre de ellas, supongo yo que muchos de ellos sin saber bien a bien que siquiera existen. Hay cosas que resaltar: hay un domo (que me dijeron no es catedral, pero parece), enorme, gótico, muy impactante, mas de 500 escalones para subir hasta arriba. La vista desde lo mas alto es impresionante, el río Rhein, la ciudad y el horizonte. Presencia fuerte del catolicismo.
Por otro lado, visito una sinagoga, la historia cuenta que en Colonia habían 6 sinagogas, y todas fueron destruidas por los nazis en la guerra. Esta fue reconstruida años después. Es enorme. No hay gente alrededor pues no es una atracción turística, sigue en uso. Hay muchas cámaras y seguridad. Entro, digo que soy judía mexicana y que quiero visitarla. Revisan mis apellidos, mi mochila, les dejo una pequeña navaja que traigo conmigo todo el tiempo, les enseño mi libro de rezos (de nuevo Hashem cuidándome) y me dejan pasar. Hay un pequeño museo en donde exhiben objetos muy antiguos que se usaban ahí. Incluso hay fotos de cuando el Papa visitó la sinagoga hace pocos años. Entro primero a la parte de mujeres, en el segundo piso. No hay nadie, esta vacío, toda la sinagoga para mi. Es muy austera. Grandes paredes de cemento, vitrales bonitos, bancas simples, y la Torá al fondo con pocos adornos. Estilo alemán que tiene la ciudad también. Me siento, rezo un poco, y me causa una profunda tristeza estar ahí. Ahora me siento segura, y libre de poder ir a rezar y visitarla, pero hace años era peligrosísimo. No me quedo mucho tiempo, bajo al primer piso para verla mas de cerca, pero me alejo. Me causa dolor. Por fuera es muy imponente, bonita y muy arreglada, eso aliviana un poco la tensión. Casi todas las casas de alrededor tienen sus respectivas placas afuera. Se me viene a la mente un pensamiento aterrador: mucha de esta gente fue llevada a campos de concentración. Hay muchas fotos de estos campos. ¿Habré visto a alguno de estos vecinos en estas fotos? La historia cobra vida acá, son sentimientos muy profundos, reales. Y se que es solo el principio de mi viaje.
Sigo mas adelante, solo unas cuadras, y hay una enorme mezquita. Su estructura es muy moderna. Sin embargo, hay muchas mujeres alrededor con burcas y todas cubiertas. Solo tomo una foto de lejos y me alejo. Si, en general puedo ser una viajera que acepta y se interesa por lo diferente, pero no en esa ocasión, no pude acercarme.
Al día siguiente voy a Bonn. Me acompaña un chico que conocí mediante la aplicación de Blablacar, que se utiliza para compartir los gastos de viaje en carro, con el que viajé de Utrecht a Koln. Se basa en la confianza y las redes sociales, igual que Couchsurfing. Un tipo simpático, muy conversador y culto, y buen conductor. Los pasajeros: yo, un chico y una chica turca, y una alemana.
En Bonn lo primero que visitamos, y la razón por la que fui, fue la casa donde nació Beethoven. Me encanta este viaje. Realmente no estoy planeando casi nada, voy donde encuentro host sin importar mucho qué ciudad es. Ha sido mágico. Todo me toma por sorpresa y no lo espero, así que no hay manera de decepcionarse o arrepentirse de algo. Llegamos pues a la casa, se ve chica y sin mucho chiste desde afuera, para mi hubiera pasado desapercibida. Entramos y el ambiente se llena de música. En la planta baja, a lo lejos, un chico toca composiciones de Beethoven para amenizar el ambiente. Hay un pequeño jardín con un busto de Beethoven, y la casa está dividida en dos: un cuarto interactivo aparte en donde se puede escuchar música y leer información, y la casa, la cual tiene 12 cuartos para visitar, pues es de tres pisos. Dentro se muestran cuadros de la zona, de donde nació y de Viena, en donde vivió. Hay manuscritos con su puño y letra, cartas que escribió y que recibió de sus contemporáneos. La emoción crece, pues de nuevo se me materializa la historia. El segundo piso tiene varios instrumentos. Uno de ellos es la viola que utilizaba para sus composiciones. Se me salen lágrimas de emoción, ¡sus manos tocaron ese instrumento! ¡Estoy cerquitita de algo que tocó un genio hace años! Avanzamos y de pronto, pedacitos de un órgano, hecho de madera, solo las teclas y los pedales. Lo demás fue destruido en la guerra. Esto fue lo que recuperaron y reconstruyeron. De nuevo, lágrimas de emoción. ¡Sus manos de nuevo ahí! Tomé una foto rapidísimo, pues no se podían sacar fotos. Por supuesto que no se podía tocar, pero puse levemente mis manos sobre las teclas, solo encima, sin tocarlas, y la energía y musicalidad siguen ahí. La novena, la quinta, la séptima... Música que escucho en mi cabeza y los ojos rojos de tantas lágrimas. Mi acompañante traduce para mi todos los letreros, pues todos están en alemán. Se conmueve al ver mi reacción. Me dice que nunca había entrado, que es muy bueno que este ahí conmigo. Me pasa lo mismo en mi ciudad, he conocido muchos lugares a través de mis amigos extranjeros...
Me dice además que le impresiona como los europeos conservan su cultura e historia. El es de Siria. Me cuenta que por ahora no puede volver, tiene miedo de la guerra civil. Sus hermanos viven allá. Y me cuenta también que en su país los gobernantes tienen la idea de que todo está mejor con ellos, y que antes, en el pasado, no se hacían bien las cosas y que no hay que recordarlo. Por tanto, destruyen lo que no quieren tener cerca.
En el museo también hay muchos objetos que fueron de Beethoven. Sus lentes, su corta uñas, plumas, vasijas, y todos sus aparatos para la sordera. Estremecedor. Di.s lo hace genio y lo deja sordo al final de sus días. Sólo Él sabe por qué hace las cosas de ese modo.
Salimos del museo, ya mi acompañante me pregunta si quiero ir a una fábrica de pianos, que su tío es pianista y hace tiempo dio un concierto ahí, pues tienen una pequeña sala. ¡Claro que quiero! Es un lugar escondido, jamás lo hubiera visto yo sola caminando. Al entrar una alegría inmensa me llena, ¡nunca había visto tantos pianos juntos! (Pequeña nota cultural: mi abuela era pianista, y me dio clases cuando era niña y yo alguna vez soñé con ser pianista también. Esta es la razón de mi asombro y emoción). Un señor afina un piano, por lo que tenemos que estar en silencio. Para brevemente para que pueda yo tocar un poco un piano blanco hermoso que encontré. Toco unas cuantas notas de Para Elisa, y del Claro de Luna, ambos de Beethoven por supuesto. Mi acompañante se asombra de nuevo, no pensó que supiera yo tocar. Entramos al taller y puedo ver cuerdas, teclas y madera por todos lados, un olor intenso a aserrín y genialidad, pues de tan solo unos materiales, hacen instrumentos maravillosos y complejos.
Suficiente intensidad para ese día. Para cerrarlo, regreso a Colonia, el lugar donde me estoy quedando, y junto al domo principal, afuera, hay cinco músicos con tres acordeones, un violín y algo parecido a un trombón, tocando música de catedral. Buena ambientación.


2 Comments:
Soy tu fan :D Te seguiré en secreto por todo el mundo xD
¿Y has guardado banderas de todos estos países? O.o
Sí! Ha llevo varias! Besos!
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