sábado, agosto 29, 2015

Un Shabat en Hungría

Me encuentro en Budapest, la capital de Hungría. Definiría a la ciudad como excentricidad en decadencia. La ciudad tiene poco más de mil años de historia. Los edificios enormes y cargados de adornos que sobrevivieron a la segunda guerra mundial y al comunismo, me parecen sombríos, fúnebres, sin vida pero con una carga histórica llena de pasado. La modernidad toca a la ciudad en sus puentes alumbrados, hoteles lujosos, restaurantes caros, y en la vasta iluminación que convierte el panorama en un lugar mágico, contrastando la frialdad de algunas calles. 
Me doy a la tarea de recorrer las sinagogas y las calles históricas donde vivió hace muchos años la comunidad judía. La primera sinagoga que visito es una ortodoxa, con pocos visitantes, pequeña pero agradable al interior, y llena de vida afuera pues es viernes por la mañana y en la calle se pueden ver judíos ortodoxos haciendo compras para Shabat. La segunda sinagoga que visito está inundada de turistas, es la sinagoga más grande de Europa, dice la publicidad. Tomo una visita guiada y nos explican que es una sinagoga poco común, tiene un órgano, el lugar donde se lee la Torá está al frente y no al centro, y las bancas organizadas como en una iglesia católica. ¿Por qué la sinagoga mas grande es así? Los ortodoxos no la reconocen como sinagoga. Nos explican que caben mas de mil personas, antes la comunidad era muy grande ahí. Y que tuvieron que "asimilarse" a los católicos para ser aceptados y poder sobrevivir ante el antisemitismo. 
Además, en el patio hay un cementerio, igualito a una iglesia católica. Lo que sucedió es que en ese barrio, además de las miles de personas que deportaron a Auschwitz, había un ghetto en donde vivieron hacinadas durante poco más de un mes en el invierno muchísimas familias. Entre el 44 y el 45 hubo una gran matanza en el lugar, y a falta de lugar para tanta gente, los enterraron junto a la sinagoga. Ahora hay placas con los nombres de los que se pudieron reconocer. La misma excentricidad y lujo de la sinagoga se contrasta con la triste historia del barrio. 
Un día antes, un amigo húngaro me da una visita guiada por la ciudad. Nos enteramos que los dos somos judíos, y me invita a pasar la cena de Shabat en su sinagoga, un edificio modesto que parece casa por fuera, del otro lado del río. Me sorprendo. Mi viaje por Europa ha estado en constante contacto por historias profundamente tristes alrededor de la vida judía y ahora yo puedo tranquilamente pasar Shabat en esos lugares. Baruj Hashem. 
El viernes al atardecer nos vemos cerca de la sinagoga para ir a los rezos. Me presenta a su rabino y con cara alegre me saluda con un "buenas tardes!" en español. El idioma húngaro es uno de los más complicados con los que me he encontrado, no entiendo una sola palabra fuera de hola y gracias. Es agradable escuchar español de vez en cuando. Me dirijo al lado de las mujeres y me siento al lado de varias señoras muy sonrientes, y una de ellas, amiga de mi amigo, me comienza a hablar en portugués, ¡le entiendo muy bien! Me sirvió el entrenamiento en Portugal dos semanas. Me dan un libro de rezos en hebreo, húngaro y fonética. Durante los rezos la señora me va guiando y me traduce lo que dice el rabino. Me siento muy cómoda, las chicas me sonríen y se siente que les da gusto ver caras nuevas. 
Al terminar los rezos, bajamos a un sótano para la cena. Es muy acogedora la comida, todo kosher, y es el mismo sabor que en México, o en Israel. Es bueno tener algo familiar cerca. La gente me habla en inglés, y todos son muy amables. Es curioso como incluso en un país con un idioma y costumbres tan diferentes, me pude sentir aceptada e integrada.
Cantan canciones y puedo tararear en silencio la tonada, es tan familiar ahora, me recuerda tantas veces que escuché a mi hermana en casa cantarlas. Me emociono como la primera vez que escuché canciones de Shabat en un concierto en Jerusalem con mi madre y mi hermana. 
Sigo dando gracias a Di.s por poder vivir estas experiencias tranquilamente, por poder viajar y conocer la historia de cerca. Y aún falta mas...

miércoles, agosto 05, 2015

Granada mágica

En Granada mi pasado me persigue también. Lo que sobresale en la ciudad es la Alhambra, con reminiscencias árabes, y la catedral católica, pero en el centro me encontré con un pequeño museo sobre la historia judía de la ciudad. El guía me explicó que además de los árabes y los católicos, en esa ciudad hace mucho tiempo vivió una comunidad judía ahí, y que fueron expulsados en tiempos de la inquisición, o convertidos al cristianismo, y que es por eso que hicieron el museo, pues en la ciudad no quedan rastros de ese judaísmo. Lo que exponen pertenece a la colección de una familia cristiana que se interesó por el tema. Lo más sobresaliente, una Torá con más de 500 años de antigüedad, una de las más antiguas de Europa me explican. Tiene un color de libro antiguo, y parece como si al tocarla se pudiese desvanecer y convertirse en polvo.

En una pared colocan los apellidos sefaradies, una investigación sobre los posibles nombres de aquellos tiempos, y de pronto aparece mi apellido paterno. ¿Paterno? Mi lado judío viene por parte de mi madre. Se que la familia de mi padre viene de España. Raras conexiones.

Por otro lado, la Alhambra es hermosa. Es un conjunto de varios edificios, todos diferentes entre sí, con jardines árabes y fuentes. Voy a la visita de la tarde, pues los boletos están agotados, es temporada alta. Me toca el calor más intenso, pero no importa, es hermoso. Hay una gran casa donde vivió Carlos V, una torre donde los reyes de España Fernando e Isabel hicieron honores, y se me enchina la piel de nuevo. ¿En verdad los reyes católicos que estudiamos tanto en la escuela estuvieron parados justo donde estuve? Ese imponente sentimiento ha estado constantemente conmigo durante el viaje. Lo más impresionante de todo son los palacios nazaríes. Enormes paredes y techos decoradas con finos adornos árabes, fuentes hermosas con flores y baños árabes muy antiguos. Se siente historia también ahí. 

En la calle, bailaores flamencos adornando el atardecer con sus cantos y palmas. Es hermoso, tanto Granada como Sevilla tienen flamenco por doquier, vestidos, sombreros, castañuelas, guitarras. Sin embargo, por las vacaciones mucha gente se va a la playa y cierran los comercios, por tanto abundan turistas pero la gente local no está. Todo agosto es así, me explican. Mala fecha para venir a estas ciudades, demasiado calor y pocas cosas que hacer. Aunque el destino lo quizo así, por algo será. Y mi próxima parada es las playas de Portugal, con mucho calor también, pero hay aire pues está ya cerca del océano. A seguir disfrutando la vida.