Diversidad en Amsterdam
Camino por las calles de Amsterdam, y mi primera impresión es libertinaje, drogas, sexo, materialismo... Solo son las calles cercanas a la central de autobuses, pues al adentrarse más profundo, se pueden encontrar edificios construidos hace siglos, esculturas impresionantes, y cultura e historia, antigüedad y modernidad mezcladas.
Llego a una calle, y hay una placa que dice que en la segunda guerra mundial, justo en ese puente, fueron asesinadas 200 personas, solo por ser judíos. La calle tiene placas a lo largo de un río con los nombres de todas esas personas, justo enfrente de sus casas, para recordarlas. Se me eriza todo el cuerpo. Es real, ahí pasó la historia. En esas casas vivieron judíos perseguidos. Me imagino a esta gente hace medio siglo, caminando por estas mismas calles, celebrando Shabat, yendo a una de las sinagogas mas antiguas que aun está por acá cerca. Cuando podían ser libres como nosotros ahora. Llego por fin a la casa de Ana Frank. Hay una fila de tres horas de espera. Se me eriza el cuerpo de nuevo. El diario que ella escribió es uno de los libros mas leídos, dice el folleto. Tan solo de imaginar todo lo que pasó en estas calles, los nazis, el miedo, la guerra, me hace llorar. Todos los visitantes leemos el mismo folleto, cada uno en su idioma, y soy la única que llora. Siento profundamente el dolor de hace 60 años. No se qué signifique para los demás, un museo mas, quizá. Sin embargo, todos hacemos la fila de tres horas para entrar. Algo mueve, sin duda. La casa por fuera luce siniestra, simple, de varios pisos. Me dan escalofríos de nuevo al estar en la entrada. Las fotos y los documentos oficiales muestran años y años, la casa de principio se ve muy restaurada, sin embargo, al llegar al piso donde hay un librero, y detrás del librero está la entrada secreta a los pisos de arriba, todo cambia: el aire, las paredes, se siente el miedo que quedó impreso en los cuartos. Todos están vacíos, dicen que los nazis vaciaron todo cuando los encontraron ahí. Decidieron dejarlos vacíos para el museo en memoria del vacío que dejaron las víctimas. Sin duda, el cuarto de Ana es el más... espeluznante diría yo. Las ventanas están cubiertas con cortinas negras, para recrear cómo fueron esos dos años que no podían correrlas para evitar miradas indiscretas. Su cuarto tiene pegado en las paredes fotos de artistas de aquellos años, y de recortes de revistas y dibujos. Ilustraciones que ella pegó para que su cuarto luciera un poco más acogedor, si es que se puede llamar así. Está de más decir que todo el trayecto durante el museo mis ojos estuvieron llenos de lágrimas. Al llegar a ese cuarto, sentí una necesidad imperiosa de rezar por todos aquellos que vivieron dos años ahí y perdieron sus vidas en los campos de concentración. Mi pequeño libro de rezos me ayudó, fueron solo unos minutos, pero muy intensos. También fue intenso ver su diario, a todo color, con su puño y letra, junto con sus otros cuadernos de donde se recopiló la historia del libro. Ella quería ser escritora y ser recordada después de muchos años. Lo logró, de extrañas maneras, pero cada quien tiene su mazal, su camino trazado.
Después fui a una visita rápida a una sinagoga portuguesa. Es de 1675, y su interior está intacto. Es enorme. El techo y las bancas de madera, así como donde se guarda la Torá. Hay muchos objetos muy antiguos, libros viejísimos, y candelabros muy relucientes. Están el el "cuadro judío", que es una parte de la ciudad con museos sobre judaísmo y el holocausto. No fui allá, demasiada intensidad para un día...
En comparación con esta historia, la ciudad tiene un olor a marihuana y a libertinaje poco común. Veo tiendas con gente fumando drogas que en mi país son ilegales. Al lado, sex shops vendiendo todo tipo de accesorios, ropa diminuta, junto a iglesias y guarderías, y, los más impresionante, las chicas que venden sus cuerpos en cuartos diminutos, con ventanas hacia la calle, como muñecas de aparador, accesorios desechables, a la vista de turistas, niños, y señoras que salen de misa. ¿Este es el costo de la libertad? Cuando la línea de la permisividad se divisa borrosa, los extremos pueden ser inimaginables.


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